Vestido de novia, una película necesaria

La más reciente entrega de Marilyn Solaya es noticia desde que su realizadora comenzó su gestación.

Cecilia Crespo

Vestido de novia, la más reciente entrega de Marilyn Solaya, es noticia desde que su realizadora comenzó su gestación.

Hace solo unos días se alzó con el Primer Premio de Posproducción Nuestra América Primera Copia, que entregó el Alba en la recién concluida edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. El premio consiste en 60 000 dólares y servicios patrocinados por la Burbuja Sonido, Tauro Digital, Boogieman Media, Assimilate y Aracne.

Mucho ha dado de que hablar este filme desde que era solo un proyecto de Solaya, que mientras lo culminaba realizó el multilaureado documental En el cuerpo equivocado, al que no puede entender separado de este por considerarlos ambos como parte del mismo material fílmico. Apoyada en las formidables actuaciones de Laura de la Uz, Luis Alberto García, Alina Rodríguez, Jorge Perugorría, Mario Guerra e Isabel Santos, el filme narra la historia de Rosa Elena y Ernesto, inmersos en La Habana de 1994. Ella, asistente de enfermería; él, jefe de una obra en construcción importante para el desarrollo turístico del país. Ambos se enamoran, se casan e intentan ser felices hasta que un secreto en la vida de ella amenaza esa armonía y los convierte en víctimas de la violencia, el prejuicio y los estereotipos de una sociedad que aún se encuentra regida por actitudes machistas y patriarcales.

Con su realizadora conversamos en exclusiva sobre su opera prima, que podremos apreciar en nuestros cines el próximo año.

¿Cómo surgió Vestido de novia?

Empecé hace años realizando un documental sobre el exhibicionismo, que titulé Mírame mi amor, e investigué sobre el tema. Entonces, buscando las causas de este fenómeno, acudí a la clínica del adolescente, donde encontré a Lázaro Hernández. Él me dio la sugerencia de este tema, alegando que resultaría un documental muy interesante. Comencé a trabajar en el tema y me llamó a mi casa Mavi, la protagonista de En el cuerpo equivocado, quien se había enterado de mi proyecto y quería preguntarme por qué no la había llamado si era la única operada de reasignación de sexo hasta 2008. Comencé investigar sobre su caso y me abrió las puertas de su casa y de su mundo. Escribí el guión de ficción porque el documental no lo podíamos hacer en ese momento. Sabes que no es lo mismo hacer una obra de ficción que un material inspirado en la vida real, porque te involucras y se establece un compromiso ético entre el realizador y el protagonista. Empezamos el documental y los ciclones y las crisis conspiraron en contra. El proyecto estuvo en Suiza, luego en el Sector Industria en 2008 y fue apoyado por Cinergia. Terminamos el documental, con el que aplicamos a DOCTV. Lo hicimos como pitching para el filme. Ahí estaba justamente mi punto de vista y sirvió de antesala a la película.

¿En el filme dónde comienza la ficción y acaba el documental?

La película es inspirada en hechos reales que no corresponden solo a la vida de Mavi sino a la de todas. Me apropié y partí de una historia real: el drama humano que viven esas personas, todo por lo que pasaban, no solo ellas, sino los esposos y familiares, todo su entorno. Eso me llamó mucho la atención.

¿Por qué eligió actrices para interpretar los personajes de los transexuales?

Porque ellas son mujeres, física y mentalmente, y se asumen como tal. Justamente lo son aunque hayan nacido en el cuerpo de un hombre, equivocadamente. Cuando elegí ese título para mi documental, que no puedo aislar de esta cinta, me refería precisamente a esto. Ellas viven atrapadas en un cuerpo, que no es el que asumen como suyo, y así nacen con ganas de cambiarlo todo. Una vez que empiezan a vivir como mujeres, entonces lo son, por lo que tienen que ser interpretadas por féminas, porque si no ¿de qué estamos hablando?

¿Qué fue lo más interesante que descubrió sobre la vida de estas personas que reflejó en la película?

Lo que más me llamó la atención —y es en donde me conecto yo como cineasta y como mujer cubana— es cómo ellas, cuando comienzan a vivir con este nuevo género, reproducen todos los estereotipos y prejuicios de la mujer contemporánea. A mí me cautivan los temas de género porque siento que son problemas no resueltos aún en la sociedad cubana, asignaturas pendientes a pesar de la Revolución, de la política cultural y de todos los satisfactorios cambios que hemos tenido. Creo que es mi misión abordarlo desde mi perspectiva de mujer plena, heterosexual, madre soltera de dos hijos en un Instituto bastante masculino en donde solo tres mujeres, entre las que me incluyo, han podido realizar sus largometrajes. Esa es la línea temática de mi obra. Mi película comienza con una mujer y un hombre que se acaban de casar e intentan ser felices y vivir en armonía en un contexto bastante complejo como fue la Cuba de 1994. Siento que la película cuenta una historia de amor que se va oscureciendo en la medida en que el pasado de ella sale a flote y toca a las puertas de esa familia y por supuesto cambia todo debido a los prejuicios, porque vivimos en una sociedad machista hegemónica y patriarcal y es una herencia cultural de nuestros pueblos, es una temática que nos conecta con el universo.

¿Cuál considera que fue el mayor reto asumido durante esta realización?

Demostrar primeramente a la institución que yo podía asumir el proyecto, que confiaran en mí y lograran comprender la complejidad del tema y lo necesario de su abordaje, pues no vivimos en una burbuja, aislados, ya que se trata de un tema universal, que está en todas partes. Mi película también toma el tema de la violencia, el tema de la inequidad, de la ignorancia sobre lo que son las relaciones de género y los estereotipos. El género es una construcción social, es un invento, todo lo que se le atribuye a cada género. En mi filme propongo un hombre diferente, más sensible. Trabajo con las masculinidades; Julio César González Pagés es mi asesor. Nos encanta también enfocarlo desde la perspectiva de los hombres: género no es solo ser mujer, es también ser hombre y en la medida en que los hombres logren cambiar esa forma tan cerrada de ver la vida viviremos con más armonía y plenitud.

¿Por qué tituló al filme como el poema de Norge Espinosa?

Por lo mismo que representa la frase. Vestirse de mujer es un sinónimo de feminidad. En ese año se estrenó Fresa y chocolate. Estábamos en el Período Especial, eran tiempos duros. El poema de Norge era todo un himno para esas personas y me pareció importante tenerlo de protagonista en ese contexto que ya comenzaba a tener voz propia. El título Vestido de novia es un gran símbolo.

¿Cuánto influyó este proyecto en su vida personal?

Era una analfabeta total sobre los estudios de género y, por supuesto, tuve mucho que investigar, alfabetizarme al respecto, porque no tenía ni idea. Esas mujeres que tuve la oportunidad de conocer me marcaron mucho. Las entrevisté en el hospital, recién operadas, y les pregunté qué iban a hacer todas con sus vidas luego de este cambio. Todas me respondieron: casarme. Todas soñaban con el vestido de novia, ese tan tradicional y simbólico. Me pareció raro que ninguna me dijera que iba a comenzar un negocio o entrar a la universidad, o “voy a comerme el mundo porque ya nada me lo impide”. Empiezan a reproducir todos los estereotipos y problemas de nosotras mismas, que nacimos con este género, sin incomodidad. Es un conflicto de ellas. En vez de romper esos estereotipos que vienen del sexo fuerte lo que hacen es ponerse en lugares sumisos, ponerse al servicio de los otros como esposas sirvientes y maltratadas, sin un proyecto de vida personal mas allá de la pareja. Me pareció que debemos seguir trabajando con ellas.

¿Qué significa para Marilyn Solaya ser una mujer cineasta en la Cuba de hoy día?

Soy una comunicadora, con estudios de teatro y dirección de cine, siento que he nacido para contar historias pero no pueden ser historias vacías y debo tomar partido como la mujer que soy en una sociedad machista que cada día ejerce sobre mí una violencia a veces invisible, pero que se siente a cada paso entre las relaciones interpersonales y de trabajo. Lo más lógico es que me exprese a través de mi trabajo.

¿Cómo cree que el público cubano acoja el filme?

Han cambiado las mujeres y también los hombres desde los estereotipos y siento que ese personaje que la sociedad nos obliga a interpretar y montarnos, tanto al hombre como a la mujer, ya cansa. La gente desea tener un lugar para escapar, como una ventana, y mientras más ventanas se abran en esto mucho mejor. Creo que la película será bien asumida. No me gusta menospreciar a la gente, ni subestimar al espectador. Tenemos grandes actores que defendieron muy bien los personajes: Laura de la Uz, Isabel Santos, Luis Alberto García, Jorge Perugorría y Mario Guerra, entre otros. Es un drama que no se acerca en ningún momento a la comedia; creí que la historia debía caminar por allí. Y ahí está mi pequeño granito de arena al tema desde mi perspectiva femenina, para tratar de descontextualizar el género.

Fecha: 14.01.2014
Fuente: Cubanow

Regresar a Prensa