Vestida de sueños

Frank Padrón

El cine cubano vuelve a poner dedos en llagas supurantes. Marilyn Solaya (En el cuerpo equivocado) lanza su ópera prima en ficción con Vestido de novia (2013), que ya obtuvo el Premio de la Popularidad en el más reciente festival de cine latinoamericano, donde también recibió una Mención Especial del jurado de óperas primas y el colateral Caminos, del Centro Martin Luther King. Solaya gusta definir su primer filme de ficción no como “una película de trans” sino como “una historia de amor”, más allá de tendencias sexuales.

Sin embargo, no puede negarse que, pese a las connotaciones indiscutiblemente universales que detenta su filme, las identidades eróticas tienen un inmenso peso diegético en una historia donde lo social no solo influye sino que condiciona y ayuda a entender el comportamiento de los personajes y el rumbo de las situaciones. Rosa Elena y Ernesto son una pareja armónica; ella, enfermera que canta en un coro masculino alguna que otra vez, reminiscencias de un pasado en que fuera Alejandro; él, obrero de la construcción, machista pero cariñoso. Un (mal) día descubre el pasado de su cónyuge lo cual lo pone en entredicho ante su colectivo laboral.

Como subtramas, amistades y compañeros de trabajo (Sisi, trans amiga de la protagonista, es uno de los personajes más vigorosos) que entretejen un relato donde las (des)lealtades y las (in)justicias enlazan también corruptelas de todo tipo (trampas, robos, desvíos de recursos…), abusos y manipulaciones del poder, desigualdades sociales y apariencias que engañan… hasta un momento en que explotan dentro de una trama rica en peripecias y vericuetos, que se ubica con profundo conocimiento de causa en el difícil contexto (La Habana, 1994, año más duro del llamado período especial) y rastrea con agudeza las singularidades de esa compleja etapa dentro de un equilibrado registro que no por su gravedad rayana en lo trágico, deja de ofrecer momentos de amargo y bien insertado humor.

La propuesta de Vestido… va más allá del personaje trasunto de un ser humano real que lo inspiró (Mavi Susel, protagonista del anterior filme de Solaya, el documental En el cuerpo…), también de la época que de manera tangencial, aunque evidente, testimonia varios sucesos reflejados en la trama: se trata de un grito de alerta para no repetir errores, un reclamo al respeto que exige cualquier identidad, una condena a todo tipo de discriminación y fobia que afecte la integridad y dignidad humanas, y a manifestaciones que siguen lastrándolas como el machismo y la doble moral, lo cual se plasma en un relato que mantiene su interés de principio a fin. Ello, claro, no evita ciertos traspiés en la dramaturgia (elipsis quizá demasiado abruptas, giros que requerían mayor desarrollo…) y cierto maniqueísmo sobre todo en los personajes negativos, pero Solaya nos entrega una historia conmovedora, acusadora y apta para todas las sensibilidades, con un supraenunciado clarísimo: el amor requiere desafíos y mucho valor, está más allá de las orientaciones sexuales, vence prejuicios y fobias y logra triunfar si pasa por encima de todo y tanto que lucha por aplastarlo.

Colaboradores muy profesionales como Rafael Solís (fotografía, de acertados contrastes y claroscuros acordes con los que abundantemente tienen lugar en la trama), X Alfonso (música, oscilante entre estilos y tonos que acentúan la diversidad defendida a capa y espada por el filme) y una batería de experimentados actores que entregan lo mejor de sí (Laura de la Uz, demostrando en cada escena su condición de actriz capaz de superarse a sí misma en cada entrega; Luis Alberto García, aportando los matices y la evolución de un hombre atrapado por convenciones atávicas; Isabel Santos, bordando de sensibilidad y humanismo a un personaje tragicómico, que una actriz sin sus quilates hubiera lanzado a la caricatura; Jorge Perugorría, Mario Guerra, Pancho García, en admirables secundarios pero de gran peso en el relato…) complementan los méritos de esta hermosa y contundente parábola que aunque, ciertamente, trasciende el tema de la otredad sexual aporta, a su vez, no poco a su desarrollo en nuestro cine.

Fecha: 01.02.2015
Fuente: trabajadores

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