Se ama a las personas, no al género al que pertenecen

Diana Castaños

Vestido de novia, primer largometraje de ficción de la cubana Marilyn Solaya, mereció el Premio de Popularidad en la 36 edición del Festival Internacional del Cine Latinoamericano, que tuvo lugar en La Habana en diciembre de 2014.

Esta película, que contó con la asesoría del consultor para temas de masculinidad, el Doctor Julio César González Pagés, para aportarle peso y sustancia a cada línea del guión, se distingue por su tratamiento —y respeto— a la diversidad de género: en Vestido de novia cada parlamento apunta hacia un bien común: la posibilidad de pensar y forjar un mundo donde hombres y mujeres cumplan —tan solo— los roles de género que ellos mismos, desde su más libertadora individualidad, decidan.

Es una película, de tan certera, contundente. Ni siquiera en Lucía (1968), de Humberto Solás; ni en Plaff o demasiado miedo a la vida (1993), de Juan Carlos Tabío; ni en Nada (2001), de Cremata, había jamás nacido —y crecido— un personaje femenino tan rebosante de autenticidad. Que defendiera tan acorde y tan a ultranza su identidad femenina. Que mostrara cada matiz, cada plenitud y angustia auténtica y exclusivamente desde su realidad de mujer.

Todo el filme traspira femineidad. Y el cine cubano agradece que, entre tanto razonamiento masculino —y hasta misógino—, las prácticas discursivas de las que se vale la cinta hayan sido expuestas, con toda intención, desde una perspectiva femenina.

Apoyada además en las actuaciones de Luis Alberto García, Alina Rodríguez, Mario Guerra, un tristemente poco logrado Jorge Perugorría —alegoría pobre de ese Diego excepcional que Tomás Gutiérrez Alea (Titón) supo mostrar en Fresa y Chocolate (1994)— y una renovada Isabel Santos, Vestido de novia narra la historia de un matrimonio Habanero en el que convive un secreto: ella nació varón.

A partir de que este hecho se conoce, el matrimonio se resiente y sufre la manifiesta crueldad de las personas de su entorno. A pesar de que la presión social ante esta situación es tratada ampliamente en el filme, un gran acierto del largometraje es mostrar la historia de amor como algo no supeditado al género.

Esto conforma otro sólido pilar en la cinta, y es uno de los grandes valores del filme, que viene a ser una consistente continuación de lo que comenzó, la ya mítica Fresa y chocolate, que marcó un punto de partida en la pantalla grande con respecto a los dramas de la homosexualidad en el contexto machista y patriarcal cubano.

Vestido de novia tiene unos propósitos amplios, acorde a los tiempos que corren. Le interesa la lucha contra la homofobia, pero no se ciñe a ella. Y sobre todo, no se ciñe a una lucha, sino que traza una historia, en aras de entender.

Entender para poder cuestionarse por qué. Entender para lidiar con todos los prejuicios enraizados que todos, absolutamente todos, tenemos, en algún o en otro sentido. Eso es realmente lo que marca la diferencia. No sirve demasiado convocar a trascender los tabúes de la sexualidad y las discriminaciones de la sociedad moderna si no podemos ver a ese otro ser humano, no como una criatura inventada, mitológica, ajena, sino como a ese Otro que comparte nuestra realidad y tiene cabida en ella a priori. Mostrarlo así es el otro gran acierto de la película.

Desde el punto de vista puramente cinematográfico, Vestido de novia podía haber sido una mejor cinta. Si, por ejemplo, respetara los tiempos narrativos propios del cine, o la lógica propia del argumento, o no tocara ese lugar común del cine latinoamericano que es la violencia (qué horror reiterar los mismos vocablos soeces sin verdadera fuerza dramática). También se padecen las concepciones simplistas de las escenas y los pobres diálogos de los ambientes laborales de los protagonistas.

Pero la trama central está lograda. La columna vertebral del filme lo convierte en una obra que funciona perfectamente como reclamo de respeto a la diversidad, a una revaloración de la problemática de género, de la construcción social que asigna roles diferentes a cada cual según su sexo, de la lucha contra la violencia y de la igualdad.

Una película necesaria, que cuestiona estereotipos, y que además, contribuye a erradicarlos… para bien.

Fecha: 27.01.2015
Fuente: Cubahora

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