Marilyn Solaya: “Mi concepto en el cine viene de ser mujer”

Marilyn Solaya es la tercera mujer en dirigir un largometraje de ficción dentro del ICAIC

Helen Hernández Hormilla

Red Semlac.- Cuando en unos meses la realizadora cubana Marilyn Solaya estrene su ópera prima Vestido de novia, el machismo histórico asociado a la industria del cine nacional sufrirá una estocada.

No solo se trata del tercer largometraje de ficción dirigido por una mujer en los 55 años de creado el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). También su argumento busca cuestionar los esquemas y prejuicios que constriñen a los seres humanos debido a su género.

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La felicidad que intentan construir la enfermera Rosa Elena (Laura de la Uz) y Ernesto (Luis Alberto García), ingeniero civil, se ve entorpecida por una sociedad inclemente con quienes rebasan sus moldes.

Si bien el conflicto se desencadena al descubrir que la protagonista fue sometida a una operación de reasignación sexual en el pasado, Solaya toma la transexualidad como pretexto para imputar la hipocresía social y los comportamientos tradicionales de ser hombre y mujer.

El guión se inspira en Mavi Susel, primera persona cubana en pasar por una intervención quirúrgica de ese tipo, en 1988. Ella motiva también el documental En el cuerpo equivocado (2010), con el cual Solaya obtuvo el premio DOCTV Latinoamérica 2010.

“Cuando conocí a Mavi, en 2001, me cautivó su historia y comenzamos a trabajar en un guión centrado en su experiencia como transexual, que estuvo terminado por primera vez en 2003″, rememora la artista en diálogo con SEMlac.

El esbozo de ese manuscrito obtuvo el premio Cinergia en 2006 para el desarrollo de proyectos, a lo que siguió el Taller Internacional de Guión Plume & pellicule (2008), realizado en la ciudad suiza de Dreamago, y el premio en el I Taller de Guiones Latinoamericanos del Sector Industria, del 30 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (2008).

Durante la década transcurrida entre el primer libreto y el rodaje de Vestido de novia, Solaya incorporó los saberes de la teoría de género, lo que dimensionó la apuesta ideológica de la película.

“Cuando comencé a estudiar la transexualidad, todavía existía una mirada clínica sobre el tema. Después del caso de Mavi, se discutió mucho al respecto porque la sociedad no estaba preparada y pasaron 20 años para que se comenzara a reasignar otras personas, gracias a la Campaña a favor de los derechos sexuales emprendida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex)”.

“Muchas transexuales nunca llegaron a operarse, un paso importante para algunas. Por otro lado, al acercarme a ellas descubrí algo en común: construían esa ‘mujer nueva’ desde los estereotipos, y eso guió mi interés al contar la película”, asegura.

La directora estudió profundamente los procesos sociales, históricos y culturales que construyen la sexualidad humana y lo entendido como femenino y masculino.

“Aunque no había oído hablar de género, mi historia personal estaba vinculada al feminismo de manera inconsciente. Luego de socializar con especialistas en estos estudios, como Danae Diéguez, Julio César González, Abel Sierra, entre otros, encontré el punto de vista que me interesa defender como artista”, argumenta.

Pese a los reconocimientos obtenidos, pasaron 10 años para que Solaya llevara al set su guión, acogido en 2013 por el ICAIC, Bitart New Media, S.L Bilbao, España y el apoyo del Programa IBERMEDIA.

Aún corrigiendo detalles, pero ya con su corte definitivo, Vestido de novia se alzó con varios premios de posproducción en el concurso Nuestra América: Primera Copia del 35º. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el pasado diciembre.

El elenco reunió a grandes figuras de la cinematografía cubana como Jorge Perugorría, Isabel Santos, Mario Guerra, Manuel Porto, Alina Rodríguez, entre otros; mientras Rafael Solís dirigió la fotografía, Miriam Talavera la edición, Velia Díaz el sonido y Carlos de la Huerta la producción.

“Hacer cine es complicado porque necesita muchos recursos y me tocó aspirar a esto en los años de crisis, cuando varios ciclones devastaron la isla y se restringieron los fondos para hacer películas. Entonces contaba con un par de documentales de cierto reconocimiento, pero era improbable dirigir algo más grande”, confiesa.

Por un momento pensó pasar página, cuando otras obras cubanas como Chamaco (Juan Carlos Cremata), Verde verde (Enrique Pineda) y Fábula (Lester Hamlet) se acercaron al tema de la diversidad sexual.

“Mavi insistió en la importancia de contar su historia e hice el documental En el cuerpo equivocado, pero la ficción debía ir más allá”, sostiene.

El filme requirió un período previo de preparación.

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Si tenías en tus manos un conflicto tan fuerte como la transexualidad, ¿por qué presentar la película como una historia de amor?

Lo importante no es la orientación sexual y la identidad de género de cada quien, sino el ser humano y sus razones para luchar por la vida. Me interesó contar la historia de amor entre un hombre y una mujer, porque cuando alguien cambia de sexo no va con un cartel en la frente gritando su pasado. Si logro que el espectador se olvide de ese secreto, cumplí mi objetivo.

¿Qué te interesa transmitir?

Cuando fui entrevistando a personas transexuales, descubrí que entre sus grandes ambiciones está encontrar una pareja heterosexual con quien unirse y llevar una vida “normal”. Por eso el título de la película: Vestido de novia.

La mayoría construye su feminidad a partir de estereotipos y roles tradicionales. Me interesó notar cómo ellas, nacidas con genitales de hombre, al asumirse mujeres incorporan los papeles del servilismo y de cuidadoras, privándose de otros planes de satisfacción individual.

También me pregunté por sus maridos y apareció el tercer protagonista de la película: el contexto. En una sociedad patriarcal y machista, son los otros quienes afectan a alguien con un pasado complejo. Quise buscar lo que hay detrás de esas personas que juzgan por los prejuicios patriarcales y esconden así su propia mentira y simulación.

En el documental, Mavi, la protagonista, estuvo atrapada en el cuerpo equivocado, pero después, en la concepción de mujer que ella construyó. La ficción me dio la oportunidad de desarrollar más esa arista y mostrar a una protagonista que lucha por cambiar esa realidad.

¿Qué te motivó a ubicar la anécdota en 1994, un año de los más complejos en la historia reciente del país?

Mucho de lo que hoy estamos viviendo en Cuba comenzó en el 94: la crisis de valores, la llegada del turismo y sus consecuencias, la aparición de otras monedas, diferencias de clase, en fin. También era una época en la cual pocos sabían de la transexualidad y hasta vestirse diferente era mal visto. Pero, en medio de todo eso, las personas luchaban por ser felices. Junto a sucesos trágicos como la crisis de los balseros, se hizo un encuentro de poesía homoerótica en el Teatro García Lorca y se estrenó Fresa y chocolate, pionera en estos temas.

Esta misma historia, en Estados Unidos o en Francia, hubiera sido otra; pero donde se hizo una Revolución que aspiraba a un mundo mejor para garantizar los derechos de todos y todas, es duro aceptar que somos una sociedad homofóbica.

¿Notas que algo ha cambiado desde entonces en cuanto a la transexualidad?

Algunos aspectos se han superado, pero los problemas de base siguen siendo los mismos. A pesar de las políticas de Estado, del Cenesex, de las operaciones realizadas, aún es difícil trabajar el tema. El documental En el cuerpo equivocado, por ejemplo, nunca se ha transmitido por televisión.

En aquel momento no se podían operar para cambiar su sexo, y hacerlo hoy es un paso de avance. Pero el tema de la mujer limitada, de la inequidad y la reproducción enfermiza de los roles tradicionales de género, se mantiene. Es como si ellas necesitaran de esa elaboración para encajar socialmente.

¿Cuánto le aporta tu película a esa realidad?

Quise presentar a una mujer valiente, capaz de reasignarse otro sexo en fecha tan temprana como 1988. A la vez, relatar el conflicto de que, ser mujer no es solo tener vagina, también implica una manera de vivir, un rol social que obliga, comprime y violenta.

En las sociedades machistas, para nosotras es complicado salir a flote, porque somos las cuidadoras, las madres de familia, las que atendemos a los enfermos. Si una mujer tiene temperamento, le llaman loca, es desagradable o dicen que está falta de hombre. Los rasgos de fortaleza para ellos, se valoran en detrimento para nosotras.

Para cuestionar asuntos tan naturalizados por las personas debiste sensibilizar a tu equipo.

El guión siempre lo pensé para esos actores; por tanto, Laura de la Uz, Mario Guerra, Luis Alberto García, Jorge Perogurría y otros fueron preparándose desde el inicio. También trabajamos con asesoría de Julio César González Pagés, especialista en género y masculinidades, quien contribuyó a explicar a cada integrante del elenco lo que yo quería expresar como directora.

Asumes una militancia con tu género al hacer cine. Tendrá costos…

No puedo ser de otra manera. Actúo como vivo. El cine implica poder, no solo económico sino intelectual. Requiere un concepto y mi concepto en el cine viene de ser una mujer en medio de una sociedad machista, tratando de desarrollar un proyecto de vida que no se limita a los roles tradicionales; una mujer que piensa y defiende la posibilidad de crear.

Ningún personaje mío está pensado de otra manera. La teoría de género es como montar bicicleta: una vez que la aprendes siempre sale a relucir en tu obra. Y puede que el cine no cambie el mundo, pero sí hace pensar en el mundo que estamos viviendo.

Fecha: 09.04.2014
Fuente: Red Semlac

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